Sábado 25
mayo 2013
San Carlos de Bariloche

Cuenta una vieja leyenda persa que en el año 4.000 antes de Cristo, un ave que surcaba el cielo dejó caer unas semillas a los pies del rey y semi-dios Djemchid. Al tiempo, de esas semillas comenzaron a crecer unas plantas que dieron abundantes frutos (uvas), los cuales fueron recolectados y guardados en el depósito real. Estando allà adentro, las uvas desataron su fermentación natural, despidiendo el dióxido de carbono producido por la misma y llenando el depósito con su caracterÃstico aroma.
Cuando la esposa favorita del rey, como consecuencia de sus celos hacia otra mujer, buscó veneno para suicidarse, llegó hasta el lugar donde fermentaba el oscuro jugo de las uvas. Pensando que era una poción, la bebió con la intención de matarse. Momentos después, fue hallada danzando y cantando alegremente, por supuesto, bajo los efectos de lo que habÃa tomado. El rey llamó a esa bebida con el nombre de Darou é Shah, que significa “el remedio del Rey”. De la deformación de esa palabra deriva el nombre de Shiraz, o Sirah, cepaje proveniente de la antigua región de Persia. DecÃan los persas, que allà nació el vino.
Según los historiadores, la viticultura nacida en el Cáucaso, llegó a su primer momento de esplendor en los tiempos de los faraones de Egipto. Fueron los egipcios los que idearon técnicas innovadoras, como por ejemplo el prensado de uvas. Esto y mucho más fue gracias al rey-dios Osiris, quien (según la mitologÃa) le enseñó a la humanidad el cultivo de la vid, cómo cosecharla y cómo guardar el vino resultante de su jugo. En tanto que la diosa de la agricultura, Isis, esposa de Osiris, se ocupaba de proteger y cuidar el proceso de vinificación en las primitivas bodegas.
En la mitologÃa griega, el dios del vino es Dionisio, hijo de Zeus y Sémele. Generalmente se lo representa junto a una pantera, un leopardo y un racimo de uvas. Cuando era joven, Dionisio descubrió la viticultura y se dedicó a ella, pero Hera lo hizo enloquecer y vagar por el mundo. Curado de su locura por la diosa Rea, se dedicó a enseñar todo lo referente al vino y su producción en muchos lugares de Asia, sobre todo en India. Para los griegos, este dios inventó el vino.
Dice la leyenda, que Dionisio estaba enamorado de su joven amigo Ampelo, y es por eso que le regaló una cepa de vid que estaba pendiendo a lo alto de un árbol, llena de racimos. Tentado por lo apetitoso del fruto, Ampelo subió al árbol para probarlo, pero cayó desde lo alto y murió. Muy triste por su muerte, Dionisio lo transformó en una constelación. Otra leyenda cuenta que de Ampelo, una vez muerto por un toro, brotaron racimos de uva. La AmpelografÃa, que es la ciencia que estudia las variedades de vid y sus caracterÃsticas, debe su nombre a este personaje mitológico griego.
Como no podÃa faltar, también existió en la mitologÃa romana un dios del vino, y se llamaba Baco, adoptado del Dionisio de los griegos. Baco era hijo de Júpiter, y en su honor se celebraban las fiestas Bacanales, donde se desarrollaban orgÃas y se bebÃa sin control. De la palabra Bacanal proviene una de las posibles deformaciones que originó el lunfardo “bacán”. Se supone que Baco también transmitió sus conocimientos a los humanos sobre como plantar vides y hacer vino.
Según una historia, Baco iba camino a la ciudad de Naxia, pero en la mitad del viaje se sentó a descansar. Notó que a sus pies habÃa una pequeña planta, la cual desterró para llevarla consigo. Tomó un hueso hueco de un ave y puso en su interior el tallo, pero éste pronto creció y sus raÃces quedaron al descubierto. Luego divisó un hueso hueco de un león, y colocó allà la planta. Pero sucedió lo mismo, a causa de la fertilidad que Baco le transmitÃa. Entonces encontró un hueso de asno, y finalmente ahà la trasladó hasta el regreso a su morada. Esa planta era una vid.
Cuando Baco le enseñó a los hombres el arte de la viticultura, recordó los tres huesos que habÃa utilizado para transportar aquella primer pequeña planta, ya que si bebÃan moderadamente se ponÃan alegres, cantaban, y disfrutaban de la vida como pájaros. Si seguÃan bebiendo más de la cuenta, empezaban a ser como leones y comenzaban los problemas. Y si seguÃan consumiendo aún más vino, se volvÃan como asnos, cometiendo toda clase de insensateces y siendo el hazme reÃr de otras personas.
Además de las contadas, existen muchas leyendas y relatos relacionados con el vino a lo largo de la existencia de la humanidad. Y no es de extrañar, ya que la vid, por su capacidad de adaptación a diferentes altitudes, suelos y climas, y su bajo requerimiento de agua, está presente en los cinco continentes y desde tiempos remotos, e inclusive está cientÃficamente comprobado que es una de las plantas más antiguas sobre la faz de la tierra.
Por Diego Di Giacomo
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