Sábado 18
mayo 2013
San Carlos de Bariloche

En los años 90, una importante productora de televisión de nuestro país impuso a través de algunas de sus ficciones, una suerte de costumbrismo barrial al que muchos ponderaron, diciendo básicamente, que estas producciones otorgaban un realismo a la televisión y sobretodo a las telenovelas o tiras diarias. Los ingentes esfuerzos perpetrados por guionistas y productores dieron como resultado escenas de diez minutos en las cuales, por ejemplo, dos actores freían una milanesa y debatían acerca de cuál sería su mejor guarnición. Con esto querían decir que la televisión era ahora popular, que hacía pie en esos lugares distintos a las grandes estancias o a las casonas de zona norte (se olvidaban que ya lo había hecho Migré en los 70), porque sus personajes ahora eran soderos o mecánicos, porque escuchaban cumbia o porque se comían las “eses” al hablar.
Se preguntarán que tiene que ver esto con el último film realizado por el gran Aki Kaurismäki (director de la genial "El Hombre sin pasado", 2002); la verdad es que mucho. No porque el finlandés decida instalar en esta ciudad portuaria del norte francés un costumbrismo efectista, de hecho Kaurismäki rehuye a eso y supongo que le escapa a cualquier tinte de realidad , al tiempo que construye un film en el que creemos todo lo que nos cuenta, todo el tiempo. Lo increíble es que con los materiales con los que decide trabajar son a priori casi todos totalmente artificiosos; la iluminación de la película es, sobretodo cuando es noche, bellísimamente artificial, sus personajes siempre tienen una luz no justificada sobre sus cabezas, los escenarios, los autos, la ropa, el mobiliario son atemporales o mejor, son de seis décadas atrás; a propósito de esto, Kaurismäki dice en un reportaje:
Al igual que en La vida de bohemia, parece buscar la Francia eterna e incambiable de posguerra, de los años cincuenta. ¿Siente nostalgia por esa época?
No, pero soy lento. La arquitectura moderna me hace daño a los ojos. Aunque los años setenta ya empiezan a parecerme elegantes… de vez en cuando. Por suerte siempre hay un ayer.
Hay en Le Havre una situación muy real que atañe a varios países europeos: la inmigración ilegal. Este es el puntapíe inicial, el que inicia esta pequeña historia de Marcel Marx, un lustrabotas mayor que vive una tranquila vida entre los muelles de la ciudad, sus bares en los cuales todavía se puede fumar y su casa donde su abnegada esposa lo espera noche tras noche para hacerle la cena. Un container lleno de inmigrantes africanos, es descubierto por la policía. Sus ocupantes serán todos deportados a Gabón, menos Idrissa, un jovencito que gracias a Marcel, encontrará quizás, una mejor vida en Londres.
Kaurismäki no va por una película de denuncia; sin embargo le bastan unos cincuenta segundos seis primeros planos de los ilegales dentro del conyainer al abrirse las puertas, para decirnos todo lo que se puede decir de esta terrible situación. Kaurismäki va por el cine en estado puro y por esa historia optimista que tiene que ver con cierta fraternidad, otra vez otro de los materiales que poco quizás tengan que ver con la realidad de lo que pasa en Europa y los europeos. Sin embargo, le creemos a Marcel y a sus vecinos, le creemos a ese policía que no se parece a los demás policías que sólo quieren disparar; le creemos a ese deslumbrante personaje llamado Little Bob (Roberto Piazza, una leyenda del Rock en Le Havre, que deslumbró en otras décadas) y que tiene a su cargo dos escenas bellísimas, una de reconciliación con su ex mujer y otra de reconciliación con el show y ambas, de esa sublime sensación que es la de, cada tanto, reconciliarse nosotros los espectadores con el cine.
Uno tiene ganas de estar allí, de quedarse noches en esos bares con Marcel, que tiene pasado de artista y presente de trabajador independiente, al que le inquietan los hombres con zapatillas y la mirada de Idrissa, por la cual luchará sin recursos ni amistades influyentes, salvo la relación final con el inspector de policía, con quien probablemente inicien una bella amistad.
Termino con unas frases del director sobre su película e invito a todos a verla, seguro de que a parte de disfrutar un cine necesario, sentirán un cierto orgullo de ser, todavía, humanos.
Dice Kaurismäki:
El cine europeo no ha dedicado mucho tiempo a la creciente cuestión económica, política y, sobre todo, moral nacida a partir de la nunca resuelta crisis de los refugiados; unos refugiados que intentan entrar en Europa desde fuera y a los que se trata de manera irregular, y a menudo reprobable.
No tengo una solución para el problema, pero quería enfrentarme al tema en esta película nada realista.

Agencia de Noticias Bariloche :: Diario online con noticias e información de San Carlos de Bariloche. Director Periodístico del diario: Santiago Rey
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